Actualmente, casi 2 de cada 10 parejas tienen dificultades para conseguir el embarazo. En todos los casos, es muy importante realizar un correcto diagnóstico mediante la realización de algunas pruebas médicas, que nos ayudarán a indicar el tratamiento de reproducción asistida adecuado.
La infertilidad afecta prácticamente por igual al hombre y a la mujer. En 3 de cada 10 casos, además, son los dos miembros de la pareja los que tienen algún problema que les dificulta conseguir el embarazo. En CIRH preferimos hablar de causas de infertilidad de la pareja, puesto que, en cualquier proceso relacionado con la fertilidad durante la búsqueda del embarazo, los dos miembros se van a ver involucrados.
Cuando los problemas de fertilidad aparecen por un factor femenino se perciben por una anovulación, que imposibilita la gestación, o bien la no evolución del embarazo. En ocasiones el óvulo puede haber llegado a ser fecundado, pero, por alguna razón, el embarazo no consigue finalizar en el deseado nacimiento, ya sea por un fallo de implantación u otras causas.
La infertilidad se puede diferenciar en dos tipos, la primaria, que son los casos en los que la mujer nunca ha podido ser madre, y la secundaria, que son los casos en los que después de haber sido madre en una ocasión, el segundo hijo no llega por problemas de fertilidad.
En cualquier caso, es fundamental la implicación por igual del hombre y de la mujer durante todo el proceso. Ambos van a realizarse análisis y pruebas para encontrar una solución lo antes posible y poder dar un paso más hacia el sueño de ser padres.
¿Cuáles son las causas de la infertilidad en la mujer?
En el caso de una mujer, los motivos relacionados con la dificultad para conseguir el embarazo pueden tener relación con distintos factores, de tipo 88 que el problema principal es la edad. A partir de los 35 años la calidad ovárica de una mujer desciende de manera notoria y, con el ritmo de vida habitual que llevamos hoy en día, muchas mujeres llegan a esta edad sin haber iniciado el proceso de la maternidad.
Este es un problema que hay que abordar con margen de tiempo. En estos casos, se puede prever la demora en el tiempo del proyecto de la maternidad por lo que, en el caso que así sea, lo más recomendable es optar por la congelación de óvulos. En CIRH contamos con nuestro programa de congelación de óvulos.
Además de esta variable debido al paso del tiempo, hay varias enfermedades del ovario o el útero (algunas son hereditarias, debido a anomalías genéticas o cromosómicas) que pueden afectar a la fertilidad de la mujer. La endometriosis, por ejemplo, afecta a casi la mitad de las mujeres que tienen problemas para gestar un embarazo. Provoca fuertes dolores pélvicos y menstruales.
Una anomalía en la estructura uterina o la aparición de un factor tubárico también son un problema que puede dificultar el objetivo de ser madre. Cualquier anomalía en las Trompas de Falopio puede provocar infertilidad.
Si nos centramos en los problemas ováricos podemos encontrar el síndrome de ovarios poliquísticos, frecuente en los casos en los que la mujer no consigue ovular, o la menopausia precoz (cuando aparece antes de los 40 años).
¿Qué tipos de pruebas médicas hay para ella?
La reproducción asistida ha ayudado a miles de mujeres de todo el mundo a conseguir su deseado embarazo. El primer paso, muy importante, antes de iniciar el tratamiento, es realizar algunas pruebas médicas para poder analizar los resultados y que el equipo médico pueda elegir el tratamiento más adecuado para cada caso.
Como hemos comentado antes, hay diferentes factores que pueden ser la causa del problema de fertilidad. Por este motivo, en todos los casos es necesario realizar un completo análisis que incluirá algunas de las siguientes pruebas médicas.
Un análisis hormonal, con el que se estudian las hormonas más implicadas en la reproducción, llamadas FSH (foliculoestimulante) y LH (luteinizante) o la HAM. Esta información nos permite conocer el número de óvulos de los que dispone una mujer y saber con mayor exactitud cuál es su capacidad para ovular.
Una ecografía es otra prueba muy común y que ofrece mucha información al equipo médico. Permite ver la forma del útero y el estado del endometrio (la zona donde los embriones se van a implantar). Con esta imagen se pueden descartar patologías que dificulten la implantación del embrión, como la endometriosis. Se evalúan también los ovarios, incluyendo un recuento de folículos antrales que nos ofrece también una idea del estado de la reserva ovárica.
La histersalpingografía, también llamada radiografía de trompas, es una prueba que, realizada 3 o 4 días después del sangrado menstrual, nos permite ver la forma interna del útero y de las trompas y saber si éstas están obstruidas o son permeables.
Por último, con una histeroscopia se consigue diagnosticar y solucionar malformaciones en el útero, como pólipos o miomas que dificultan el embarazo. Esta prueba no se realiza rutinariamente, sólo en aquellas mujeres en las que se sospecha alguna malformación uterina. Según cada caso, este examen se realizará con anestesia local o general.
